Acabo de ver Las Noches blancas de Sánchez Dragó. Han estado debatiendo sobre internet y literatura y los mayores, Eva Orúe (Divertinajes.com), Dragó y Jorge Benavides, junto a Alberto Olmos (no tan mayor aunque lo parece) han impuesto su criterio sobre el papel y las historias clásicas versus la pantalla y las narraciones fragmentadas. Y especialmente Alberto Olmos, el más molesto con la experimentación, sostenía que la narración tipo Nocilla (Agustín Fdez. Mallo) no era nada nuevo, que era lo más viejo del mundo, etc... También, querido Alberto Olmos, debes saber que tu argumento es de lo más viejo del mundo. Supongo que a todos nos da envidia el éxito mediático de los demás. A mi también me da cierta envidia que te hagan tanto caso (especialmente atento se mostró Dragó contigo) y que te publiquen, Alberto; como ves la envidia va por niveles. Participaba en la tertulia Montero Glez, a quien he visto en forma, provocador y muy simpático, mucho mejor que la primera vez que le vi, hace unos 9 años, cuando pensé que el pobre estaba siendo devorado por el propio personaje canallesco que se había creado y que era muy probable que no se recuperase nunca. Me ha alegrado mucho verle en forma, gran escritor. Y un par de jóvenes que han creado un libro a partir de un blog donde escribían junto a dos compañeros más (lástima que no recuerde sus nombres, pero sí el título del libro: [hotelº postmoderno. Bueno, ni unos han inventado la pólvora ni está mal de vez en cuando hacer experimentos que nos recuerden a Rayuela o a Joyce. Efectivamente, Alberto, todo está ya inventado. Pero entre seguir haciendo lo de siempre y atreverse a romper los códigos lingüísticos establecidos por la propia naturaleza humana, no está mal experimentar de vez en cuando. Todos tenemos referentes, incluso Picasso o Mozart. No hay más que escarbar un poquito. Así que tu argumento también está desfasado.
¿Por qué nos molesta tanto que la gente escriba, sea como sea su estética? Esto suele molestar más a los realistas que, por lo general, suelen ser más radicales; ¡qué desfachatez imaginar, con la de injusticias que están sucediendo! Sí, muchas, las mismas que aparecieron en el minuto cero de la existencia. El realismo no es tan progresista como se vende, no. A mí a estas alturas me parece conservador (siempre es mejor no sacar los pies del tiesto). Pero es normal esta actitud agresiva de los realistas, al fin y al cabo son los que más publican y más venden -son más fáciles de leer-, por lo que tienen que defender su terreno. A los locos de la imaginación nadie les hace caso ni les compran su libro. Imaginar es peligroso para los poderes establecidos, para la propia sociedad, para la burguesía. Al menos hoy en día no se les confina en manicomios. Ya es un paso.
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26.8.08
Noches blancas
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27.2.07
bares, ¡qué lugares!
No quería ceder, pero al final creo que lo necesito. No quería contaros lo que pasa por mi cabeza, por mi vida, pero supongo que me está removiendo las entrañas y tengo que contarlo. Pero conste: yo no quería.
Nunca me ha gustado hacer vida literaria, tertulias, recitales, conocer a otros poetas. Dios creó muchos poetas, pero no suficiente poesía. He preferido emborracharme con mis amigos, hablar de cualquier tema pagano, no mencionar los espíritus literarios que duermen conmigo cada noche. En casa de herrero... Pero llevo unos meses frecuentando algunas presentaciones, algunos recitales, alguna conferencia. Y estoy harto. Comparando. Jodiéndome. Intentando descubrir el sublime secreto que distingue al poeta publicado del poeta maldito. En cada ocasión miraba los lugares, salas de renombre, pinturas al fresco, siglos de historia y me decía: joder, este no es lugar para mí. Yo tenía que estar en un bar emborrachándome. Y pensaba en los viejos tiempos.
La última presentación fue un coñazo. Soporífera. Pretenciosa. Con un público también pretencioso (¡lo que faltaba!). Pseudoprofetas que confunden a Celan con Cèline, el poeta leyendo en tono aburrido hablando del demiurgo mientras su editor y algún amigo le iban chupando la polla a su ego. Se creía muy radical, poniendo como ejemplo radical a Luis Cernuda. Tócate los cojones. Rebeldía no es ser radical. Tampoco nadar contra corriente. Si te crees radical sentado en una mesa escribiendo, morir de hambre debe ser una patraña.
Resumiendo, salí bastante deprimido, con ganas de llorar. Un editor está seriamente interesado en publicar mis poemas. Y no es autoedición. Pero se le parece: nuestra oportunidad es conseguir alguna subvención pública. Con eso tiramos adelante. Osea, que ningún editor, ni siquiera de un sello distinguido, con cierto renombre entre poetas -como es el caso- se juega la cara por un desconocido si no hay un aval de por medio. Podría hablar de editoriales medianas y grandes: todas funcionan así. Los mecenas son los premios, las diputaciones provinciales, las cajas de ahorros. Una forma de blanquear dinero. Qué miseria.
Nos queda el gusto por seguir escribiendo. Me jode darle la razón a Sanchez Dragó.
Nunca me ha gustado hacer vida literaria, tertulias, recitales, conocer a otros poetas. Dios creó muchos poetas, pero no suficiente poesía. He preferido emborracharme con mis amigos, hablar de cualquier tema pagano, no mencionar los espíritus literarios que duermen conmigo cada noche. En casa de herrero... Pero llevo unos meses frecuentando algunas presentaciones, algunos recitales, alguna conferencia. Y estoy harto. Comparando. Jodiéndome. Intentando descubrir el sublime secreto que distingue al poeta publicado del poeta maldito. En cada ocasión miraba los lugares, salas de renombre, pinturas al fresco, siglos de historia y me decía: joder, este no es lugar para mí. Yo tenía que estar en un bar emborrachándome. Y pensaba en los viejos tiempos.
La última presentación fue un coñazo. Soporífera. Pretenciosa. Con un público también pretencioso (¡lo que faltaba!). Pseudoprofetas que confunden a Celan con Cèline, el poeta leyendo en tono aburrido hablando del demiurgo mientras su editor y algún amigo le iban chupando la polla a su ego. Se creía muy radical, poniendo como ejemplo radical a Luis Cernuda. Tócate los cojones. Rebeldía no es ser radical. Tampoco nadar contra corriente. Si te crees radical sentado en una mesa escribiendo, morir de hambre debe ser una patraña.
Resumiendo, salí bastante deprimido, con ganas de llorar. Un editor está seriamente interesado en publicar mis poemas. Y no es autoedición. Pero se le parece: nuestra oportunidad es conseguir alguna subvención pública. Con eso tiramos adelante. Osea, que ningún editor, ni siquiera de un sello distinguido, con cierto renombre entre poetas -como es el caso- se juega la cara por un desconocido si no hay un aval de por medio. Podría hablar de editoriales medianas y grandes: todas funcionan así. Los mecenas son los premios, las diputaciones provinciales, las cajas de ahorros. Una forma de blanquear dinero. Qué miseria.
Nos queda el gusto por seguir escribiendo. Me jode darle la razón a Sanchez Dragó.
Ya os lo cuento otro día.
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Sánchez Dragó
9.1.07
don Santiago

acabo de ver en televisión una entrevista, curiosamente, de dos personajes públicos a quienes he tenido la suerte de conocer, conversar con ellos, estrechar su mano. Santiago Carrillo y Fernando Sánchez Dragó. mi admirado Carrillo, como decía mi amigo Javi. admirado no tanto por su actividad política como por su palabra, su pensamiento, su adaptación. 91 años, que serán 92 en el día 18, le contemplan. y lo que me sigue llamando más la atención cada vez que habla es su honestidad. como todo ser humano, ha cometido errores a lo largo de su vida. como todos. pero curiosamente, al contrario que otras personas de su generación, ganadores de la guerra incivil, es capaz de reconocer dichos errores en público. esa valentía es la que le diferencia del resto.
siempre sostiene en sus entrevistas que él pensaba en su juventud que el mundo había que transformarlo, por necesidad de millones de seres humanos, por inercia, porque no podía ser de otra forma. y con ingenuidad pensaba que él vería con sus propios ojos ese cambio hacia un mundo socialista, más justo, más equilibrado, más amable. pero el hombre sueña y la realidad dispone. los cambios no han dado los frutos que él soñó. lo cual no impide seguir soñando, porque esto hay que transformarlo, como diría don Santiago.
cuando volvió de su exilio, el tiempo había hecho su trabajo. se temía una respuesta vengativa, por el exilio, por las cárceles, por los muertos, por la represión. pero vino con otras aspiraciones, mucho más humildes. democracia, eurocomunismo, concordia. el mundo había evolucionado desde los totalitarismos de los años 30. y hasta el propio Juan Carlos I supo reconocer su aportación al clima democrático del país en su cena de 90 cumpleaños, justo la noche en que se retiró la estatua de Franco de los Nuevos Ministerios en Madrid. un guiño a la historia que se había hecho esperar demasiados años.
me quedo con esa lección de vida, con esa adaptación a los tiempos de un hombre luchador y valiente, imperfecto y honesto. quizá lo único que podemos esperar todos de la vida es que nada va a ser jamás como lo hemos soñado. pero repito: eso no impide seguir soñando.
siempre sostiene en sus entrevistas que él pensaba en su juventud que el mundo había que transformarlo, por necesidad de millones de seres humanos, por inercia, porque no podía ser de otra forma. y con ingenuidad pensaba que él vería con sus propios ojos ese cambio hacia un mundo socialista, más justo, más equilibrado, más amable. pero el hombre sueña y la realidad dispone. los cambios no han dado los frutos que él soñó. lo cual no impide seguir soñando, porque esto hay que transformarlo, como diría don Santiago.
cuando volvió de su exilio, el tiempo había hecho su trabajo. se temía una respuesta vengativa, por el exilio, por las cárceles, por los muertos, por la represión. pero vino con otras aspiraciones, mucho más humildes. democracia, eurocomunismo, concordia. el mundo había evolucionado desde los totalitarismos de los años 30. y hasta el propio Juan Carlos I supo reconocer su aportación al clima democrático del país en su cena de 90 cumpleaños, justo la noche en que se retiró la estatua de Franco de los Nuevos Ministerios en Madrid. un guiño a la historia que se había hecho esperar demasiados años.
me quedo con esa lección de vida, con esa adaptación a los tiempos de un hombre luchador y valiente, imperfecto y honesto. quizá lo único que podemos esperar todos de la vida es que nada va a ser jamás como lo hemos soñado. pero repito: eso no impide seguir soñando.
y de la altura de nuestros sueños obtendremos una realidad más digna (o más sucia).
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