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8.10.08

derecho de autor

La palabras no son de nadie. Las historias no pertenecen a nadie. Pertenecen a quien las cuenta y, una vez contadas, ya no le pertenecen, pasan a otro propietario, quien las escucha, quien las lee. Así perduró la tradición oral y por eso estamos aquí, por eso somos animales narrativos. Esta reflexión, que también aparece en una novela de Javier Marías (para sus detractores: se puede aprender de todo siempre que uno esté dispuesto), es una idea que navega a la contra del sistema establecido, del sistema de consumo, del sistema de la propiedad privada y de los derechos de autor. Las palabras son de todos. Y esto entronca con un inconsciente poético colectivo. La poesía, la palabra, no es sólo un acto individual del autor o del lector, también lo es de una comunidad, de un grupo. Y hoy en día con Internet, la aldea global, esta idea de experiencia colectiva toma más fuerza que nunca con su práctica.

Las palabras siempre son ordenadas de distinta manera, por lo que cada uno de nosotros es un contador de historias original, no hay dos personas que cuenten la misma historia.

Pero el sistema establecido, el Capitalismo (salvaje), privilegia el egoísmo por encima de todo. Antes de aparecer la propiedad privada, ¿quién era más importante, el campo o su dueño? ¿Quién es más importante: la historia o el autor? Vivimos tiempos erráticos. Ningún escritor es más grande que su historia, por más que nos quieran vender lo contrario.

29.8.07

día de muertes

ha muerto Paco Umbral, el escritor que más he admirado.

Sevilla llora la muerte de Antonio Puerta, futbolista.

se cumplen años de la muerte de Manolete (a Umbral le habrá hecho gracia morir el mismo día).

un obrero ha muerto al caerle encima un ascensor.

Hemingway inmortalizó aquello que no pudo John Donne con su cita "la muerte de cualquier hombre me disminuye..." antes de Por quién doblan las campanas. Pero esa cita es demasiado idealista. La muerte de cualquier hombre no es igual a la de otro. Todos los hombres no son iguales, no viven igual, no mueren igual. Ni reciben el mismo trato ni la misma importancia.

Hay muertes que no me disminuyen, ni siquiera me afectan. Otras sí, como la del obrero. Y algunas que nos hacen crecer, como la de los dictadores.

Mi recuerdo hoy para ese obrero anónimo.

28.5.07

¿Y si todo fuera falso?

Cristina Fallarás. Diario ADN.

Nos hemos creído que necesitamos poseer un piso, como quien dice, tener un coche, una pareja, un trabajo fijo y un salario indefinido que nos impida plantearnos nuestras pequeñas vocaciones íntimas.

Nos hemos creído que las noticias dicen "la verdad", que los colegios educan, que los bancos nos guardan el dinero, que ser vulgares significa ser buenos y que lo habitual es lo correcto.

Nos hemos creído que la belleza está a la altura de las tetas, que podemos poner bridas al tiempo y que hay que cambiar toda la ropa del armario cada cuatro meses.

Nos hemos creído que lo mejor es no hacer nada para no equivocarse, no llamar la atención, fundirse en lo homogéneo, que es necesario obedecer.
¿Y si fuera exactamente todo lo contrario?

¿Y si el que paga una hipoteca fuera un triste ahogado, las noticias fueran una estrategia de empresa, el colegio un método de inserción laboral y la belleza física el biombo que esconde la insuficiente deformidad interior? ¿Y si resultar normales sólo fuera el método para evitar darnos cuenta de que no nos llega para la crítica?

Tengo la rica sensación de que aquí y allá aparecen personas y grupos que ya no pueden con tanta mediocridad y se revuelven. Son pocos, despiertan todas las prevenciones de las gentes insignificantes, y podrían incluso pasar por excéntricos o por dementes. Pero son.

¿Y si nos propusiéramos vivir después de atrevernos a pensar cómo queremos hacerlo?

27.3.07

los verdaderos sueldos

Mi sobrino, un hombre de 23 años, viene a casa y me cuenta que en el 20minutos se habla de que la media salarial en España es de 1800 euros al mes (900 euros en el caso de los inmigrantes). Debo estar soñando. O a lo mejor vivo en otro mundo. Tanto mi sobrino como yo -que ahora tengo 31 años- hemos desarrollado todo tipo de trabajos mundanos, sin cualificación, pues él aún está en la universidad y yo la abandoné sin finalizar mis estudios. Y coincidimos ambos en que nunca hemos ganado ni siquiera 900 euros al mes en ningún trabajo. Como trabajadores no-cualificados hemos recibido 700 y pico euros, el mínimo que obliga la ley a las empresas. Y punto. Esas cifras que ustedes sacan en su diario me parecen falsas. Como el tema de los mileuristas. En mi vida he llegado a ganar esos mil euros de los que tanto se quejan otros. Y la diferencia entre inmigrantes y españoles, entre hombres y mujeres, no debe ser tampoco muy real, porque mis compañeras y yo siempre hemos ganado la misma cifra miserable, sin distinción de raza o sexo. No hay más que buscar trabajo en restaurantes de comida rápida, perfumerías, librerías, como dependiente, conserje, camarero, jardinero o trabajos sin cualificación. Así pues, en lugar de hacernos la vida imposible a la gente de la calle, por ejemplo con la subida de precios en artículos de cultura con el dichoso canon digital, podrían estudiar métodos para multar a los medios de comunicación que dan noticias falseadas o a los medios con publicidad engañosa (véase las agencias de viaje low-cost, por ejemplo, o toda aquella empresa que da precios en sus anuncios que luego nunca se ajustan al precio final). ¿Por qué multar al tipo de la calle y no multar a las grandes empresas?
Y hago otra propuesta: los medios de masas, tan dados a patear el lenguaje, podrían acuñar este nuevo término: setecientoseuristas. Además, se lo regalo; no pienso cobrarles derechos de explotación.

9.1.07

don Santiago


acabo de ver en televisión una entrevista, curiosamente, de dos personajes públicos a quienes he tenido la suerte de conocer, conversar con ellos, estrechar su mano. Santiago Carrillo y Fernando Sánchez Dragó. mi admirado Carrillo, como decía mi amigo Javi. admirado no tanto por su actividad política como por su palabra, su pensamiento, su adaptación. 91 años, que serán 92 en el día 18, le contemplan. y lo que me sigue llamando más la atención cada vez que habla es su honestidad. como todo ser humano, ha cometido errores a lo largo de su vida. como todos. pero curiosamente, al contrario que otras personas de su generación, ganadores de la guerra incivil, es capaz de reconocer dichos errores en público. esa valentía es la que le diferencia del resto.

siempre sostiene en sus entrevistas que él pensaba en su juventud que el mundo había que transformarlo, por necesidad de millones de seres humanos, por inercia, porque no podía ser de otra forma. y con ingenuidad pensaba que él vería con sus propios ojos ese cambio hacia un mundo socialista, más justo, más equilibrado, más amable. pero el hombre sueña y la realidad dispone. los cambios no han dado los frutos que él soñó. lo cual no impide seguir soñando, porque esto hay que transformarlo, como diría don Santiago.

cuando volvió de su exilio, el tiempo había hecho su trabajo. se temía una respuesta vengativa, por el exilio, por las cárceles, por los muertos, por la represión. pero vino con otras aspiraciones, mucho más humildes. democracia, eurocomunismo, concordia. el mundo había evolucionado desde los totalitarismos de los años 30. y hasta el propio Juan Carlos I supo reconocer su aportación al clima democrático del país en su cena de 90 cumpleaños, justo la noche en que se retiró la estatua de Franco de los Nuevos Ministerios en Madrid. un guiño a la historia que se había hecho esperar demasiados años.

me quedo con esa lección de vida, con esa adaptación a los tiempos de un hombre luchador y valiente, imperfecto y honesto. quizá lo único que podemos esperar todos de la vida es que nada va a ser jamás como lo hemos soñado. pero repito: eso no impide seguir soñando.


y de la altura de nuestros sueños obtendremos una realidad más digna (o más sucia).

11.9.06

¿por quién doblan las campanas?

Hemingway tomó estos versos del poeta inglés John Donne para prologar su libro más famoso: No man is an island,/ Entire of itself./ Each is a piece of the continent,/ A part of the main./ If a clod be washed away by the sea,/ Europe is the less./ As well as if a promontory were./ As well as if a manner of thine own/ Or of thine friend's were./ Each man's death diminishes me,/ For I am involved in mankind./ Therefore, send not to know/ For whom the bell tolls,/ It tolls for thee. (Nadie es una isla completo en sí mismo. Cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti).

Sabemos del poder de los medios de comunicación en nuestros días. El poder de una imagen, o mil imágenes, o mil cámaras desde distintos puntos de la ciudad, viendo como arde Babilonia, los rascacielos, las torres de la arrogancia. No hay cámaras en Vietnam. No hay cámaras en Irak. No hay cámaras en Afganistán. No hay cámaras suficientes en el tercer mundo. La muerte de cualquier hombre me disminuye, es cierto. Por lo tanto, ¿vale más la vida de un norteamiericano con sus Nike, su polo Ralph Laurent, sus Dockers, su traje Armani, que la vida de un afgano con los pies descalzos, con su turbante, con su ropa sucia? ¿Vale más la vida de un ejecutivo del World Trade Center que la de un campesino de Camboya? ¿Vale más la vida de una secretaria de las torres gemelas que la de una mujer irakí con 7 hijos?

Hiroshima, Nagasaki, Corea, Camboya/Viet-nam, Chile, Nicaragua, Líbano, Irak, Afganistán... Millones de muertos a manos de los Estados Unidos de América. Millones de muertos por la fe y por la bendición de Dios. GOD BLESS AMERICA. ¿Y a los demás que nos jodan?

Que celebren el día de sus héroes, el día de sus mártires. ¿Para cuando un recuerdo a sus víctimas, las que ellos mataron? La muerte de cualquier hombre me disminuye, también la muerte de inocentes en Nueva York. Pero siguiendo esos versos de John Donne, ¿cuánto se habrán empequeñecido los americanos que han matado o han apoyado la muerte de millones de seres humanos a lo largo de todas las guerras que ellos mismos han creado?

Mi recuerdo hoy para los muertos a manos de Estados Unidos.

Hiroshima, Nagasaki, Corea, Camboya/Viet-nam, Chile, Nicaragua, Líbano, Irak, Afganistán: las campanas que doblan hoy en Nueva York, en el fondo están doblando por vosotros.