Nuevamente he recibido un rechazo editorial, en este caso sobre mi poemario Almacén de palabras. La verdad es que no tenía esperanza alguna de publicarlo, en caso de que me lo propusieran (como ya lo han hecho), lo desestimaría, porque no le veo demasiada poesía a lo escrito. Pero me apetecía tocar la puerta de esta editorial para investigar un poco en su actitud. Ha publicado a muchos poetas de la misma estética de Almacén de palabras, poemarios influenciados por el realismo, a veces sucio, el existencialismo, la narratividad, poemas que en realidad son relatos en columna con un pequeño giro literario al final que sus autores pretenden hacer pasar por poesía, y que algunos editores explotan como la nueva poética de la resistencia. Los poetas vagos, que dice una buena amiga mía del mundo editorial. Bien, mi texto no difiere mucho de estos autores y poemarios, pero ha sido rechazado. Eso es lo que quería comprobar: cómo el amiguismo y las influencias funcionan también a nivel underground. Hay muchos tipos de dictaduras y monopolios. Y se establecen a niveles altos, en editoriales promocionadas por grandes medios de comunicación, y lo que es peor, en editoriales que dicen llamarse independientes y alternativas.
Por supuesto, no voy a intentar nada más con Almacén de palabras, son unos textos que no merecen ser publicados en libro (la honestidad no es una virtud, queridos poetas, es un deber). Pero quede claro que los monopolios no sólo se ejercen en las altas esferas. ¿Acaso no sorprende que siempre aparezcan los mismos nombres en casi todas las antologías de poetas jóvenes en editoriales de corte medio/bajo? No hay lugar para nadie nuevo. El pastel ya está repartido. Meter a alguien nuevo, es renunciar a parte de tu pastel. Un competidor es lo que menos quieren los que ya han publicado. Y eso que en estas esferas del underground apenas hay dinero en juego. Sólo divulgación y vanidad.