1.9.06

mañanas de finales de agosto, principios de septiembre

qué raras se me hacen estas mañanas de verano de finales de agosto y principios de septiembre. yo era un niño de unos 6 años cuando empecé a odiar estas mañanas de olor a acacia y demasiado fresco para mi tan delgada constitución. por esta época tocaba la revisión anual de mi operación del brazo. salía con mi madre muy pronto, quizá las 7 y pico, ella con su chaqueta de punto azul marino con rayitas blancas en los bordes y en los puños (nunca olvidaré esa chaqueta) y yo cogido de su mano con pantalones cortos y una chaqueta que odiaba, también de punto, a veces roja, otras verde. no me extraña que así vestido tiritase hasta que entraba en calor camino del autobús, que además quedaba bastante lejos. los primeros recuerdos son niños en la sala de espera, niños con sus madres en las cabinas, desvistiéndose para hacernos unas fotos de los huesos que, entonces aprendí, se llamaban radiografías. nunca olvidaré a un chaval de unos 15 años gritando de dolor. creo que le estaban dando quimioterapia o radioterapia y el chico aullaba y lloraba. era tremendo, se me quedó grabado para siempre, ese día pensé que también a mí me harían aquello, pero mi madre me dijo que no, que ese chico gritaba así porque estaba muy enfermo. nadie debería gritar así nunca, ni cuando se acercase la muerte -a la muerte creo que habría que recibirla como un viejo amigo a la puerta de tu casa al que sólo puedes ofrecerle un café-.
aquellas revisiones me dejaban un poso de melancolía enorme ya desde pequeño, de rabia, de impotencia, sabiendo que nunca iban a corregir mi parálisis. PBO se llama técnicamente: parálisis braquial obstétrica. a los 10 años querían volver a operarme del codo o de la muñeca, cortar de nuevo tendones para poder dar el giro que no tenía en el brazo. afortunadamente lo dejamos pasar, como una mala noticia que no quieres haber escuchado. afortunadamente digo, porque hubiera sido otra carnicería propia de los cirujanos. hace un par de años, tuve la oportunidad de hacer un viaje con Carlos Gardeta, neuropsicólogo, director de los Institutos Fay, para la rehabilitación neuronal y sensitiva. gran hombre que a los 40 años era un broker agresivo de la bolsa y que, cuando nació su hijo con una parálisis general del cuerpo, dejó todo, se puso a estudiar psicología, se doctoró y se hizo heredero de la teoría de Fay: la parálisis de un miembro no viene dada por culpa del mismo, sino porque no existe la red neuronal desarrollada en el cerebro. razón por la que mediante una serie de ejercicios con fisioterapeutas y osteópatas, se puede llegar a crear la red neuronal necesaria en el cerebro para que el miembro se pueda mover. y su hijo hoy tiene 23 años y hace una vida perfectamente normal. él me explicó que mi caso hoy en día se regenera mediante fisioterapia, no mediante bisturí. y que una vez cruzados los tendones mediante cirujía, de poco sirve crear esas redes neuronales. habría que deshacer la primera operación. qué tremendo, cómo avanza la medicina, afortunadamente.
luego a los 14 años decidí que no iba a volver a ninguna revisión. que ya estaba harto de pasar frío en aquellas mañanas de verano para escuchar a los doctores diciéndome que podrían intentar otra nueva cirujía. decidí que podría vivir con ello, que me había adaptado a ello. que el deporte, y en especial la natación, me ayudarían lo suficiente como para evitar los dolores de espalda.
y ya nunca volví a pasar ese frío nervioso de las mañanas de finales de agosto, principios de septiembre.

1 comentario:

skepticalmind dijo...

Yo tambien me acuerdo de las manyanas en la sala de espera de la consulta. Eran manyanas en las que la alegria y la rabia se mezclaban; alegria porque no tenia que ir al colegio, donde me aburria increiblemente y ademas era considerada un 'outcast'. Me invadia un hormigueo en el estomago al pensar 'hoy hago pellas', y sobretodo, era un alivio. Pero tambien habia rabia, mucha rabia, porque yo era de las que gritaban en el medico, no de dolor, sino de odio, de impotencia, de terror ante las decisiones arbitrarias de unos tipos que nunca me preguntaron nada antes de llenarme de inyecciones y de mandarme a hacer todo tipo de pruebas vergonzosas.

'Siempre esta enferma' Esa era yo de pequenya, debil, 'malaltissa', delgaducha...por eso les sorprendia quizas, que al entrar por la puerta de la consulta empezase a gritar unas groserias que no se esperaban de una cria enfermiza. Simplemente odiaba a los medicos, odiaba su actitud autoritaria, odiaba que me ignorasen como persona solo porque fuese una ninya, odiaba que no me mirasen al hablar de mi, o mas bien que no me dirigiesen la palabra -todo se le preguntaba a mi madre, como si yo fuese inexistente- odiaba que estuviesen en una posicion desde la que podian manipular, usar, pinchar, palpar mi cuerpo, como si fuese una munyeca de goma.

Anyos despues, al pensar en aquellas manyanas, me doy cuenta de que lo basico sigue ahi. Sigo odiando las mismas cosas, el mismo prototipo de personas, sigo reaccionando igual, muchas veces aun me inunda esa sensacion de rabia que tiene que manifestarse fisicamente...

En el fondo, creo que es una reaccion ante la falta de libertad, y digo libertad no con el sentido que los demagogos le dan (vease comentarios tipo 'cuando Franco vivia si que no habia libertad, no se de que os quejais ahora'). Digo libertad a ese nivel abstracto y complejo que pocas almas reconocen. Esa libertad que se nos aparece como ambigua, dudosa, dudable sobretodo, esa libertad que viene y va con nuestro grafico emocional del dia, con reflexiones de madrugada, esa libertad que a veces engrandece nuestro ego y a veces nos frustra...

Me lio mucho, no? es que ya es viernes y necesitaba desahogarme. En una semana, estare en el sitio que estoy convencida fue mi casa en mi 'otra vida'... me sentare en el puerto de una pequenya isla del mar egeo, escribire, bebere ese incomparable vino dulce de Patras, alimentare el insomnio con largas noches de 'rembetika'.....

Te escribo a la vuelta, guapisimo. Cuidate mucho and keep it up!!!