27.2.07

bares, ¡qué lugares!

No quería ceder, pero al final creo que lo necesito. No quería contaros lo que pasa por mi cabeza, por mi vida, pero supongo que me está removiendo las entrañas y tengo que contarlo. Pero conste: yo no quería.

Nunca me ha gustado hacer vida literaria, tertulias, recitales, conocer a otros poetas. Dios creó muchos poetas, pero no suficiente poesía. He preferido emborracharme con mis amigos, hablar de cualquier tema pagano, no mencionar los espíritus literarios que duermen conmigo cada noche. En casa de herrero... Pero llevo unos meses frecuentando algunas presentaciones, algunos recitales, alguna conferencia. Y estoy harto. Comparando. Jodiéndome. Intentando descubrir el sublime secreto que distingue al poeta publicado del poeta maldito. En cada ocasión miraba los lugares, salas de renombre, pinturas al fresco, siglos de historia y me decía: joder, este no es lugar para mí. Yo tenía que estar en un bar emborrachándome. Y pensaba en los viejos tiempos.

La última presentación fue un coñazo. Soporífera. Pretenciosa. Con un público también pretencioso (¡lo que faltaba!). Pseudoprofetas que confunden a Celan con Cèline, el poeta leyendo en tono aburrido hablando del demiurgo mientras su editor y algún amigo le iban chupando la polla a su ego. Se creía muy radical, poniendo como ejemplo radical a Luis Cernuda. Tócate los cojones. Rebeldía no es ser radical. Tampoco nadar contra corriente. Si te crees radical sentado en una mesa escribiendo, morir de hambre debe ser una patraña.

Resumiendo, salí bastante deprimido, con ganas de llorar. Un editor está seriamente interesado en publicar mis poemas. Y no es autoedición. Pero se le parece: nuestra oportunidad es conseguir alguna subvención pública. Con eso tiramos adelante. Osea, que ningún editor, ni siquiera de un sello distinguido, con cierto renombre entre poetas -como es el caso- se juega la cara por un desconocido si no hay un aval de por medio. Podría hablar de editoriales medianas y grandes: todas funcionan así. Los mecenas son los premios, las diputaciones provinciales, las cajas de ahorros. Una forma de blanquear dinero. Qué miseria.

Nos queda el gusto por seguir escribiendo. Me jode darle la razón a Sanchez Dragó.

Ya os lo cuento otro día.

1 comentario:

Katrina dijo...

Chato,
¡vámonos a privar y fuera!